Mirar atrás, dudar, o perder enfoque es opcional.  Pero para alcanzar la cima del Pico Duarte y mirar las nubes hacia abajo mientras respiras vientos de victoria, y después bajar sano y salvo de una manera express hasta donde comenzaste… bueno… simplemente no se puede perder tiempo.  Tu corazón, piernas y poder mental tienen que estar preparados, sincronizados, positivos y en forma para aceptar el dolor que te llevara a la gloria.

Los locos que se inventaron el viajecito, que por cierto se hace usualmente en tres días con la ayuda de mulas o caballos, lo llamaron “Pico Express.”  La aventura es en realidad un reto extremo que pocos se atreven a intentar y todavía menos son seleccionados y bienvenidos a este grupo de atletas elites que guían  la aventura.  En realidad, ellos han hecho del recorrido uno mas de sus entrenamientos habituales.  Es un gran privilegio subir detrás de ellos y es un gran logro salir vivo y triunfante de eso.  Y el 28 de Diciembre del 2015, lo hice, y me hizo sentir in-des-truc-ti-ble.

De hecho creo que una experiencia como esta es una gran reflexión de la vida y como decidimos llevarla.  No hay tiempo que perder si quieres llegar a la cima de algo.  Para comenzar, tienes que estar seguro que eso es lo que deseas.  Después, tienes que tener determinación para actuar y mas importante, tienes que ser positivo si en realidad quieres llegar.

El camino es duro, las circunstancias no son siempre perfectas, te dolerá, y mucho.  Es una subida que te pondrá a prueba física y mental, pondrá a prueba tu juicio y deseos por horas, y horas, y horas sin descanso.

No muchos lo hacen de esa manera.  De hecho yo creo que los que lo intentan están llenos de valor, confianza en sus cualidades atléticas, o simplemente estamos medio locos.  Aquí les contare mi experiencia.  Espero la disfruten y les ayude si es que lo piensan intentar.

Desde que llegue a vivir a República  Dominicana en el 2009 quise ir al Pico Duarte.  Pero nunca lo hice, que por falta de tiempo o por compromisos.  Pero por coincidencia, un amigo (uno de los Burgos!) en Noviembre subió fotos de su travesía al Pico Duarte a estilo Express.  Le pregunte y me recomendó el viaje inmediatamente.  Dijo que habría otra oportunidad antes de terminar el 2015… .  Así que me comprometí conmigo misma.  Fue mi idea perfecta para cerrar con broche de oro el 2015.

Lo que si olvide, es que a este amigo en particular le encantan las aventuras extremas. Es su definición de entretenimiento.  La verdad no le puse mucha atención a eso.  La idea de subir a la cima del Pico nubló la razón.  Estaba decidida a ir.

El 26 de Diciembre, Thais, nuestra guía, creo un grupo en Whatsapp para organizar el viaje. El mensaje de bienvenida decía algo así:  “si esta en este chat, eso quiere decir que le faltan unos cuantos tornillos y esta apunto de dar un viaje de tres días en solo unas horas…  Bienvenido! oh…por cierto, ha estado lloviendo sin parar por tres días en La Cienega, les dare el plan.”

Las próximas horas fueron seguidos por mensajes sobre donde nos reuniríamos, la felicidad que sentían muchos de encontrar condiciones difíciles, como el trayecto de 46 kilometros tenia que tener tiempos limites por razones de seguridad… como debíamos llevar con nosotros botiquines de primeros auxilios, mapas, comida, agua, ropa apropiada para las temperaturas (se pone frío ahi arriba), electrolitos, lamparas, y como si seguía lloviendo, simplemente tendríamos que caminar otros 10 kilometros adicionales, pero “nada fuera de lo común.”  Hablaban de 10 kilometros extra como si estuvieran hablando de un vaso de agua.  Comencé a sudar entonces.

El 27 de Diciembre, los nervios ya me estaban traicionando.  Para entonces, ya había visto mapas de la ruta, con elevaciones, distancias, tube tiempo de digerir esos detalles y del reto en el que me había metido.  Había empacado y sobre empacado.  Con eso de que soy famosa para perderme en carreras de ultra-distancia por distraerme aveces a ver pajaritos, mariposas y flores, bueno… ya se imaginaran.  Quería estar preparada.

Pico Duarte es el punto mas alto en la República Dominicana y todo el Caribe o las Antillas. Su elevación es de  10,164 pies, o aproximadamente 3,098 metros.  Hay tres rutas que te llevan a la cima.  Una comienza en Jarabacoa, otra en El Pedregal, y otra en la Presa de Sabaneta.  La mas corta es la ruta que comienza en Jarabacoa, o Manabao.  Así que tomamos esa ultima.  Para mi era casi imposible tomar tres días para subir, por eso decidí tratar esta forma express, los demás corriendo ese día estaban simplemente entrenando para otros eventos.

Nuestra misión era subir y bajar en 12 horas o menos, cargando lo que pudiéramos en nuestros hombros.  Gracias a Thais, hubo planeación.    Pero en mi caso, la verdad todo fue super improvisado en menos de dos días.  Hasta el jacket que llevaba fue prestado a horas de salir de casa.

El 28 de Diciembre, salí de mi casa a las 3:00 am.  Tenia que conducir por 3 horas para encontrar al grupo en Jarabacoa.  Manejar me relaja así que fue fácil.  Música alta, no trafico, todo chevere.

Cuando por fin llegamos al parque nacional de Manabao para comenzar a subir, estaba frío y todavía llovía. Me sorprendí cuando vi a todos los demás despojandose de sus preciados jackets.  Yo solo me lo quite para la foto… pero me lo volví a poner inmediatamente.  Y estaba feliz de llevar una super mochilota con todo lo necesario aunque pareciera mas como que iba de día de campo que como si fuera de trillera.

Llevaba el pancho gigante que me dieron al terminar el marathon de NY.  Es grandísimo y calientito, con doble forro e impermeable, pero bastante pesadito.  Llevaba dos sudaderas puestas, cuatro litros de liquido (2 de te, y 2 de agua), un botiquín de primeros auxilios, bandas, curitas, electrolitos, barras de proteina, barras de energía, una ensalada gigante de quinoa con garbanzos, dátiles y de mas, telefono, fundas plásticas, cambio de ropa, zapatos secos, filtro solar, labial, frutas, nueces, lampara, baterías para la lampara, etc., etc., etc.  Mi mochila pesaba como 25 lbs. por lo menos.

Antes del kilometro uno, ya estaba sudando.  Pare y me quite el jacket para la lluvia, lo metí como pude a la mochila, casi no cabía nada mas.  Había mucho lodo y todavia llovía un poco.  Correr se hizo difícil.  La corridita se fue convirtiendo mas en un lento trote que requería de que cruzaras obstáculos en lodo y piedras sueltas mientras cargabas peso extra encima.

Fue la primera vez que me di cuenta que tan necesaria era la mochila camello.  Cada vez que quería tomar agua tenia que detenerme, quitarme la mochila, abrirla, sacar el contenedor de agua, abrirlo, tomar agua, cerrarlo, ponerlo dentro de la mochila, cerrar la mochila, ponermela en la espalda, y después seguir.  Eso paso muchas veces.

El lodo y la subida se ponían peor, cada vez mas resbaloso y solitario… me dejaron.  Yo era la mas lenta del grupo.  De vez en cuando me encontraba con otros que ya iban de regreso, habían subido el día anterior.  Se veían cansados, pero felices.  Nos saludábamos, nos dábamos animo y seguíamos cada quien por su lado.

El reloj seguía.  Pero por suerte siempre llegaba minutos antes del tiempo limite a cada punto de corte, aunque muchas veces si pensé en regresarme y rendirme.  Per no lo hice.  Seguía positiva y con una determinación inmensa de llegar a la cima.  Sabia que si me daba la vuelta me iba a arrepentir grueso.  Ademas, eran solo 22-23 kilometros de ida… si llegaba.

Pero cada vez que tenia que bajar, quería gritar.  Aunque podia ir un poco mas rápido, porque era bajada, me puso de malas el tener que bajar para volver a subir.  Es como en la vida diaria.  Comencé a crear puentes en mi imaginación.  Quería buscar atajos.  Quería que todo fuera mas fácil.  Y mientras luchaba con mi mente y mis razones, seguía subiendo.  Me dolían las piernas, los brazos, los hombros, las caderas, los pies, todo.

Cuando por fin llegue al “Valle de Lilis”ya me sentía triunfante.  Me faltaban ya solo 1.2 kilometros para llegar a la cima.  El mas rápido del grupo ya me había pasado minutos atrás, iba de regreso sin frenos.  Estaba tratando de hacer su mejor tiempo.  Gente que encontré en el camino horas antes se referían a el como “al que se le queman los frijoles.” El proximo corredor, también ya estaba bajando con precaución.  El iba lesionado, pero decidido a llegar a donde comenzamos.  El me dijo que los demás no estaban muy lejos.

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Ese ultimo kilometro fue el mas largo de todos.  Mi mochila se sentía mas pesada que nunca y si no hubiese sido tan terca, me hubiese quedado ahi.  Pensé en el héroe Mexicano, El Pipila, y decidí continuar, pero todo me dolía.  Tenia hambre, y cuando me da hambre me pongo de mal humor.  Pero, si paraba, sabia que no habría poder humano que me moviera de ahi.

Cuando llegue a la cima, no se que paso, pero las lagrimas se me salieron sin parar.  No me sentía emocional, simplemente se salieron.  No se si sea un fenómeno físico, o condensación de alguna manera, o que se yo.  Pero en ningún momento me sentí con ganas de llorar, las lagrimas simplemente salían sin parar.  Estaba feliz, inspirada, orgullosa de mi misma, el dolor se esfumo y las nubes se veían divinas.  Mire hacia abajo y respire profundo.  Eso que estaba sintiendo era victoria, imposible de describir.

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Desafortunadamente, porque era la mas lenta, no hubo tiempo para que me quedara mucho ahi, teníamos que regresar casi tan pronto como llegue.

El grupo me había esperado.  Tomaron un par de fotos de nuestro logro y seguimos.  De lo contrario, sabíamos que podríamos meternos en problemas.  Solo teníamos unas cuantas horas de luz ya.  No pude ni comer.  Pero la adrenalina me borro cualquier mal humor.

El regreso fue doloroso.  Demasiado.  Una de las experiencias mas dolorosas que he vivido. Fue super intenso.  Sentía que mis rodillas se romperían en cualquier momento.  Trate de mantenerme cerca del grupo.  Esta vez, la obscuridad estaba por llegar y admito, me dio miedo.

De vez en cuando, Thais trataba de calmarme con conversación amena, pero no importa lo que decía, el dolor se intensificaba.  Comencé entonces a tomar analgésicos.  Tenia que quedarme con ellos.  Y ellos iban corriendo.  Yo había caminado prácticamente a la cima. Ellos definitivamente iban mas rápido.  Horas después, llego la obscuridad a eso de las 6:00 pm.

Encendimos lamparas, la mia era la mejor (jeje).  Bajamos el ritmo.  El lodo y la obscuridad nos obligaron a trotar en vez de correr y después a caminar otra vez.

A las 8:00 pm, llegamos a la base del parque nacional.  Completamos el reto en justo minutos antes de las 12 horas planeadas.  Sentía que mis caderas y rodillas estaban a punto de estallar.  Pero mi espíritu estaba animado en una forma que solo aquellos que han logrado algo que se veía imposible de alcanzar pueden describir.

Después de ese reto, he llegado a amarme mas y a apreciar mi cuerpo aun mas.  Mis piernas, mis pulmones, mis caderas, mis rodillas, son divinas.  Seguramente me he convertido en una corredora llena de amor por si misma.  No porque crea que soy mejor que otros.  De hecho, fui la ultima en ese reto.  Pero porque se que puedo llegar al final.

Ahora se, que para llegar a la cima de lo que sea, debes desearlo primero con todas tus fuerzas.  Si lo deseas tanto, no habra nada ni nadie que te detenga por alcanzarlo.  Si de verdad quieres algo, no importa cuantas bajadas tengas que cruzar, al final, alcanzaras la cima.

Así que recuerda, antes de comenzar a escalar, asegurate que estas en la subida correcta, que en realidad deseas subir hasta la cima, define el reto, traza un plan y mantente positivo, por mas difícil que se pongan las circunstancias.  Si es posible!

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