Confiar o no confiar, siempre un dilema.

Hace poco, escuche a alguien decir que la confianza es como el papel.  Una vez que lo arrugas, nunca será perfecto otra vez.  “Toma años establecer confianza, segundos para romperla y una eternidad para repararla.”

Confiar en intenciones de las personas, situaciones, predicciones meteorológicas, documentos, elevadores, semáforos, hasta en nosotros mismos y nuestras reacciones en momentos difíciles, no es fácil.  Afortunadamente, el universo tiene una forma mágica de resolver esos asuntos de confianza a los que nos enfrentamos.  Este verano por ejemplo, mi mayor lección de confianza me la dio la gente rural de Ontario en Canada con su sistema de honor, el cual todavía se usa en granjas y otros pequeños negocios.

La mayoría de Canadienses que conozco son buena honda en general.  De hecho, llegue a pensar que aveces, pecan de buena honda como para confiar en ellos o definitivamente son medio inocentes.  Pero ahora entiendo que esa buena honda, viene  de sus raíces, de su sistema de confianza del uno para el otro.  De vivir sus vidas por un código de honor que todavía usan en algunos lugares.

Es un tipo de sistemas al que alguien como yo, que ha crecido entre Nueva York y Mexico, y quien ahora vive en República Dominicana, no puede comprender del todo.  Este sistema de honor es inusual, extraño, idealista e imposible de practicar en nuestra opinión o en la región donde vivimos.

Funciona de esta manera:  En una granja familiar (usualmente), donde plantar y cosechar es labor diaria y continua, la cual se hace casi siempre con poca ayuda, el agricultor tiene que poner mucho de su tiempo haciendo eso precisamente.   Vender sus productos es lógico una necesidad vital para el mantenimiento de la granja y el agricultor, pero en un lugar donde se puede confiar en sus clientes, eso se convierte en tarea fácil.  Ya que el agricultor se puede ahorrar un par de salarios o simplemente le dan al cajero/a la paz para poder ir al baño o a almorzar sin cerrar el negocio.

  1.  El cliente llega, toma lo que le interese llevar y deja la cantidad exacta de dinero a la que equivalga su compra.
  2. Si el cliente necesita cambio por que no tiene la cantidad exacta de la compra, no hay problema.  Porque la cajera a dejado una canastilla o una cajita llena de monedas para que los clientes se den su propio cambio.
  3. Es así de facil.

Es un sistema simple para aquellos que están acostumbrados a el, aquellos que pueden confiar en los demás y aquellos que todavía mantienen su honor intacto.  El sistema me ayudo a entender un poco mas a mi esposo y su forma de ver el mundo.  Pude ver porque todavía le duele en realidad cuando la gente le miente o le ofrece falsas promesas… todo viene de ahí, de la forma en la que el creció.  Y el creció en un lugar donde la gente todavía es honesta y sincera, donde en realidad sienten lo que dicen, donde la gente suele hacer lo correcto, aunque nadie los este viendo.

Aunque no pude preguntar en realidad a nadie si el sistema de honor que usan funciona perfecto, por razones obvias (no había nadie cuando busque los huevos, el maiz, etc.) asumiré que si.  De otra manera, no lo emplearían mas.

Me imagino que el sistema no es perfecto y que tiene sus fallos, pero de que nos puede enseñar algo, si puede.  Nos enseña que la confianza se puede dar automáticamente y sin reservaciones.  Solo, si somos lo suficientemente buena honda para creer en lo bueno de los demás.

NOTA. Las imágenes no las tome yo, las encontré en linea.

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