Como el Maratón de NY 2015 me regreso la sonrisa.

Después de mas de 11 años trabajando en madurar, crear un hogar y cuidar a mi familia, fue fácil perderme en las rutinas que involucran siempre otros y nuevos proyectos.  A finales del 2014, me hicieron ver que me había olvidado de mi y estaba perdiendo mi sonrisa.  El estrés se estaba llevando lo mejor de mi.

Decidí cambiarlo, rescatarme a mi misma de la rutina y el trabajo que no parecía tener final o descanso.  Quería correr.  Correr largo y tendido. Y Nueva York, la ciudad donde aprendí y sentí esa libertad que solo correr me ha podido dar, era el mejor lugar para hacerlo.  En mi lista de resoluciones del 2015, la cual escribo anualmente el 31 de Diciembre, incluí el Maratón de Neva York del 2015.

No tenia idea de como registrarme para la carrera y estaba definitivamente fuera de forma para correr un maratón completo.  Pero estaba decidida.  Así que llame a Lesleigh Hogg, mi entrenador Universitario, antiguo jefe y buen amigo.  El es la persona que mas creyó en mi y mi habilidad como corredora en mis años en Lehman College en el Bronx.

Lesleigh se levantaba tempranisimo incluyendo en esos días fríos de invierno en Nueva York, manejaba por una hora mínimo, para ir a encontrarme en la pista a eso de las 6:00 am, justo después de yo terminar mi practica de natación de las 5:00 am.  En las tardes, dos o tres veces por semana, estábamos practicando en la pista del Armory en Manhattan o en el cuarto de pesas de Lehman o en Van Cortland Park desde las 6:00 pm hasta aveces pasando las 8:00 pm.

Lesleigh no solo trabajaba al rededor de mi horario, pero hacia milagros para poder estar presente en casi todos mis entrenamientos, aunque eso significara trabajar mas horas de las que le pagaban.  A el no le importaba eso.  El es de los entrenadores que en realidad le importa cada uno de sus atletas.

Así que lo llame en Enero del 2015 y como lo sospeche, estaba feliz de saber que tenia intención de volver a correr.  Me refirió a la pagina de internet donde podía leer todo sobre el proceso de inscripción y me explico todo lo que sabia de ese proceso.  Me dio consejos que seguí inmediatamente.

Mi nombre no fue seleccionado durante la lotería del maratón en Marzo. Así que comencé a preguntar por alternativas a corredores del área de Santo Domingo.  Finalmente, mi amigo Mario Ibarra, quien también decidió correr el maratón, me explico sobre Santo Domingo Corre y sus paquetes excursionistas para el maratón.  Después de revisarlos y hablar con mi adorado esposo, quien me apoyo incondicionalmente, mi lugar fue reservado en 16 de Marzo del 2015.

Entonces, la verdadera aventura comenzó.  Empece a planear mi entrenamiento.  Ya saben lo que dicen, “lo que importa es la trayectoria.” Y entrenar para el Maratón de Nueva York fue tremenda trayectoria.

Aunque estaba acostumbrada a correr de 20 a 45 minutos dos o tres veces por semana desde que me mude a República Dominicana en el 2009, admito que lo hacia con poca disciplina, ninguna meta, y simplemente para disfrutar mi poco tiempo libre por las mañanas sola.  Por un tiempo funciono perfectamente.

Después de recibir mi licenciatura, jure que correr se convertiría en un habito divertido en mi vida.  Pero muy pronto, estudiar para mi maestría se interpuso y olvide esa promesa a mi misma.

Por dos años enteros, el programa de periodismo de la Universidad de Columbia me reto en muchas maneras.  Especialmente encontrando tiempo para cumplir con todas sus exigencias.  En ese entonces tenia también que trabajar tiempo completo, ademas mi gramática Inglesa, la cual no ere exactamente perfecta  no ayudaban tampoco.

Aparte de correr de algunos pandilleros un par de veces mientras reportaba y colectaba información para mis artículos en el Sur del Bronx (Hunts Point), correr ya no era parte de mi rutina.  Estaba comiendo solo comida rápida y dormía un promedio de tres horas diarias durante esos dos años.  Algunas veces, me tocaba no dormir por una semana entera.  Hice eso tantas veces, que hasta el día de hoy, no puedo conciliar el sueño por mas de 4 horas seguidas. 

Después de graduarme con mi maestría en periodismo, no solamente aumente de peso, pero la presión de encontrar un “verdadero trabajo” aumento mi nivel de estrés.  Las personas a mi alrededor tenían expectativas tan altas, que me convencí en no poder o deber ser una decepción para la alma mater.

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Esa presión era real y triste para muchos de nosotros, quienes tuvimos que escoger entre “el trabajo ideal en los medios de comunicación,” el cual casi siempre se ofrece con poca compensación monetaria, o ninguna, o con el trabajo que podrá pagar la renta, los prestamos escolares, la luz, el carro, etc., etc., etc.   Yo escogí la estabilidad y seguridad del empleo con beneficios de pensión, seguro medico y muchísimo mejor pago que aquel que ofrecen publicaciones como Univision, Canal 2, ESPN, o CNN en sus posiciones de entrada.

 Reportar y escribir tenían que hacerse en mi tiempo libre y solo cuando pudiera darme ese lujo. Fue una temporada muy difícil para tomar decisiones. 

Al final, creo que si me convertí en una decepción para el alma mater.  Me olvide de reportar y renuncie a cualquier ambición en los medios de comunicación desde hace mucho tiempo.  Pero debo decir que mi decision me trajo felicidad y no tengo lamento alguno.

Porque justo cuando estaba ya organizando los “verdaderos trabajos,” y aprendiendo lo bueno y lo malo de contar una historia, lo necesario para ser publicada o no ser publicada, conocí “el príncipe azul.”  Entonces la decision que tenia que tomar fue entre una carrera o una relación.

Ese fue un momento crucial para mi.  Casi todas mis relaciones románticas hasta entonces, incluyendo un matrimonio de cinco años, no funcionaron porque mis parejas eran idiotas que no estaban en realidad enamorados de mi, o porque yo no le daba el tiempo y compromiso suficiente para hacer que funcionara.  Esta ultima fue mas el caso.

Después de mi divorcio (2001), y hasta que conocí al “príncipe azul,” había puesto todo mi empeño y enfoque en el área profesional.  No que no me divertía, de hecho lo hice mucho.  Pero en cuestiones románticas me fallaba muchísimo el instinto y sexto sentido.  Ademas estaba tan confundida con todo eso del amor y tan enfocada en mis metas, que no podía demostrar mi apreciación.  No era espontánea o hacía nada especial para ellos, porque no tenia tiempo y cuando tenia tiempo estaba muy cansada.

Pero cuando conocí a Henry.  Todo era diferente.  Para entonces, ya había terminado mis estudios.  No habían tareas, clases o historias que archivar diariamente.  No practicaba ningún deporte tampoco.  Aunque el trabajo aveces era intenso, esta vez quise darle una verdadera oportunidad a una relación.  Lo escogí a el.

Pero, hacer una relación funcionar con Henry, incluía irme de Estados Unidos.  La transición a una nueva vida, una familia, cambiar mi estilo de vida y aprender a ser madre incluyendo antes de dar a luz no fue fácil. Hubieron muchas veces que quise salir corriendo de vuelta a Nueva York. Amar a alguien incondicionalmente involucra mucho compromiso y paciencia.  Especialmente cuando mucha gente a nuestro alrededor no pensaba que el y yo debíamos estar juntos y lo verbalizaban de una u otra manera.  Eso fue agotador.  Al final, nuestro amor probo ser mas fuerte que nada.  Eso si es seguro.

Cuando me embarace, sabia que mi compromiso era aun mayor.  La idea de regresar a Nueva York era cada vez mas lejana.  Henry odia las ciudades. Conducir de Nueva York a Canada también tenia que parar, mi vientre estaba creciendo muchísimo.

Darle la bienvenida a Maya y criarla como un bebe verde en una casa verde y orgánica, y en los lugares mas remotos posibles, no fue fácil.  Así como tampoco lo fue casarme por segunda vez y esta vez en realidad hacer todo lo posible por que el matrimonio funcionara.  Esto incluía cocinar dos o tres veces al día, siete días a la semana.  Eso se convirtió en mi prioridad.

Todavía enseñaba por internet en un par de universidades y hacia cosas mínimas como reportera o contribuyente en un par de publicaciones, pero mi familia se convirtió en prioridad y todo lo demás tenia que desaparecer. Sin darme cuenta, los años pasaron volando.

Durante todos esos años, trataba de salir a correr cuando podía.  No pasaba muy frecuente, pero cuando pasaba, era mi tiempo preciado, mi tiempo conmigo y nadie mas. 

Cuando me instale en República Dominicana a finales del 2009 con mi esposo e hija de un año, hice mi rutina levantarme mas temprano de lo usual para poder correr.  El clima era siempre perfecto.  Algunas veces, nuestros vecinos pequeños llegaban y se incluían.

Me gustaba ver a los pequeños, especialmente a aquellos que llegaban a correr descalzos pero llenos de optimismo y felicidad sincera.    Sus conversaciones siempre inocente, graciosa y pura.  Algunos de esos niños eran disciplinados y me inspiraron lo suficiente para pensar que se merecían mas de mi tiempo y otros recursos para ayudarlos a continuar su formación como atletas educados.

Como ya había comenzado a enseñar Ingles y otras cosas con mi hermana en casa a algunos vecinos, hice formal el comienzo de un programa atlético también.  Estas iniciativas aumentan cada año y toman cada vez mas y mas paciencia y amor para continuar.  

Personalmente, sufrí las consecuencias de tener que estar allí para el grupo de corredores que crecía semana tras semana.  Mi tiempo conmigo misma, dejo de existir.

De hecho llego el día en que tuve que contratar un entrenador para ayudarme con el grupo. No funciono muy bien.  Teníamos diferencias éticas y nuestra locación tan remota era una barrera.  Tan pronto este entrenador pudo, dejo de llegar a entrenar al grupo sin siquiera notificarme.

Tenia que estar allí para el grupo sola otra vez, inclusive cuando el interés de muchos se estaba esfumando.  La mayoría comenzaron a llegar tarde. Los líderes del grupo aveces llegaban solo para hacer excusas del porque no podían completar los entrenamientos, daban un mal ejemplo que después casi todos seguían.  Estaba allí, incluso cuando simplemente no llegaba nadie.  Comencé a perder interés en continuar también. 

No quería seguir utilizando mi unico tiempo libre para esperarlos o convencerlos del porque debían ser responsables.  Sentí muchas veces que la oportunidad que les daba la estaban menospreciando.

Poco a poco, los jóvenes atletas pedían mas y mas de mi, incluyendo equipo que perdían fácilmente o hasta dinero.  Lo peor era que los que mas pedían, eran los que menos entrenaban.  Y tampoco querían ayudar a mantener nuestras áreas de entrenamiento limpias.  Ese siempre fue y será mi única condición para entrenarlos.

La mayoría de las veces, terminaba siendo yo quien limpiaba lo que ellos dejaban sucio.  Al mismo tiempo, mi trabajo en Mensen Academy y Rancho Magante, se complicaba cada vez mas.

Mientras Rancho Magante comenzaba a construir una fabrica de chocolate y a aumentar sus hortalizas, establecía un rancho de caballos y muchas otras cosas mas, la escuela se formalizaba con el ministerio de educación.  Teníamos estudiantes desde kindergarten hasta séptimo grado.  Nuestros programas incluían mucho mas que solo deportes o asistencia de tareas.  Nuestras estructuras tenían que aumentar y muchas otras cosas se tenían que organizar.

Mi tiempo era limitado y no podía estar físicamente presente en todo.  Pero hacia lo que podía.  Cada momento libre que tenia, lo dedicaba a los atletas.  Incluyendo el tiempo de mi familia.  Durante horas de trabajo, mientras manejaba o hasta en reuniones, escondía mi teléfono para escribir y pasar entrenamientos para ellos por whatsapp.  Algunas veces, mientras tenia que demostrar paciencia para mi hija, la comenzaba a apurar para llegar o ir a atender las necesidades de los atletas.  Tenia que registrarlos en competencias, arreglar por su transporte, etc., etc., etc.

Cuando finalmente me puse una meta atlética personal, sabia que las cosas tenían que cambiar si quería en realidad alcanzarla.  Quería regresarme la sonrisa.  Tenia que arreglar mis prioridades.  Quería correr un maratón a un paso decente para mi y nadie mas.  Solo para mi.

Tenia que poner limites y condiciones a mis atletas y tenia que mantener mi decision firme.  Limitarlos y poner ciertas condiciones trajo muchísimo drama al que no llegare hoy.  Pero si nos rompió el corazón a todos en muchos niveles.

Aun así, sabia que por mi familia tenia que hacerlo.  Para mejorar mi humor, tenia que rescatarme a mi primero.  Sabia también, con todas las células de mi cuerpo, que solo correr podría ayudarme.  Tenia que correr, inclusive de algunas personas.

Correr por solamente cinco a diez kilómetros por semana ya no eran opción. Mi meta era correr 42 kilómetros en menos de tres horas y media y tenia solamente siete meses para lograrlo.  Tenia que incrementar mis millas.  Tenia que usar cada oportunidad que tenia para correr.  Las montañas que tan afortunadamente tengo como jardín trasero, mi perra Bella y mi atleta estrella Yaritza fueron mis mejores compañeras.

Empezando en el mes de Abril, comencé a correr por lo menos cinco kilómetros por practica y me asegure de incluir en mi horario por lo menos cuatro practicas por semana por el primer mes.

Durante el segundo mes, incremente mi distancia a siete kilómetros por practica y aumente un día de practica.  También comencé a buscar carreras de largas distancias en el área para poder prepararme para esos 42 kilómetros.  La velocidad vendría después.  

Me registre en los  100 Km. del Caribe con un par de amigos (Ali y Fausto). Ellos me mantuvieron fuerte y me ayudaron a completar tremendo reto con resultados inspiradores a principios de Junio.  Fui la cuarta mujer mas rápida en completar esa carrera.

Una carrera que no fue fácil y donde aparte de ganar una fuerza física increíble, probo mi poder mental y determinación atlética mucho mas que nada lo había hecho antes.  Esa carrera me encendió los motores.

Llegue a la carrera sin equipo especial alguno y me pregunte porque los participantes tenían tantas cosas encima o porque nos pedían que lleváramos cierto equipo.  “Que tontos” pensé.

El primer día:  Los organizadores no nos exigieron ver el equipo que pedían.  Era el día que menos distancia correríamos y tenían suficientes puntos de hidratación.

La carrera de 10 k fue en la playa con vientos que te bañaban de arena, te empujaban hacia atrás y te forzaban a ver hacia el piso o cerrar los ojos muchas veces.  La brisa del mar te golpeaba durisimo, tanto que aveces podías probar la sal en tus labios.  Los caminos que seguíamos nos regalaron unos 25 minutos de momentos intimidantes al correr, o por lo menos tratar de correr, sobre formaciones de piedras filosas que prometían rebanar nuestras piernas al simple roce. Y tener que brincar esa barranca, la que no había forma de evadir para poder llegar al otro lado y continuar, me hizo preguntarme por primera vez:  En que me he metido?  Porque no leí suficiente antes de registrarme para esto?

Pudimos habernos muerto, o por lo menos rompernos toda la carota cruzando esa barranquita.  Cuando cruce la linea de meta, me sorprendió saber que fui la segunda mujer en hacerlo.  Fui la que le siguió a la gran favorita, súper preferida y conocida ultra-maratonista Italiana.  No podía creerlo.  La sensación fue impactante.  

El próximo día, los organizadores nos pidieron el equipo que habían solicitado (un litro de agua, una sabana isothermica, un silbato y preguntaron si teníamos calcetines secos o zapatos que deseábamos poner en algún punto de hidratación para cambiarnos).  Todavía pensaba que todo ese equipo era tonto.  Yo llevaba una botella de agua, solo porque lo exigían, pero no porque quería o pensaba que fuese necesario.  Llevaba Sketchers de la ultima estación.  Bellos, azules obscuros con agujetas rosas intensos, eso si, tenían “memorie foam.” Pensé que eso seria cómodo suficiente para subir la montaña.  Ademas, y lo mas importante, esos eran los únicos tenis que encontré al salir de casa.  Los otros estaban mojados después de la corridita de los 10K en la playa.  

El trayecto del día incluían 17.5 Kilómetros de subida, y cuando digo subida, me refiero a una subida de 1,352 metros de altitud, con ríos que cruzar, rocas que escalar o esquivar, lodo que atravesar, laberintos que descifrar.  Ese fue el reto mas difícil de la carrera y mi vida atlética entera.  A la mitad de la carrera ese día, entendí porque insistieron tanto en todo ese equipo que debíamos cargar.  Ya no pensaba que los participantes equipados eran tontos, y había aprendido que hay muchas razones por las que se diseñan tenis de correr para carreteras, montañas o lo que sea.

Esa subida, La Isabela, estuvo a punto de romperme un par de veces.  Me acalambre, perdí dos uñas de los dedos de los pies, tenia bolitas de agua en la piel por cruzar ríos y correr con medias mojadas, sangre, me tropecé con la hierba, las piedras sueltas, las raíces.  Me llene las piernas con caca de vaca, caca de cerdo y caca de todo lo que se defeco en una esquina que todos teníamos que cruzar.  Me torcí el tobillo corriendo en caminos irregulares y montañosos en mis Sketchers de ultima moda.  Para colmo, justo cuando pensé que estaba terminando, los últimos 3 kilómetros me enseñaron que tan débiles mis piernas eran, que tan arrogante había sido para inscribirme en esa carrera y que tan poco preparada estaba para ese reto.   pero sobre todo, esos tres kilómetros me enseñaron que tan terca y fuerte aveces puedo ser.

Durante la primera mitad de la carrera, era la mujer líder.  Para el kilometro 8, ya era la segunda.  En el kilometro 12, me di por vencida y mi casi medio kilometro de ventaja lo fueron alcanzando fácilmente las atletas que si se habían preparado para el reto.  Una de esas increíbles mujeres, me paso luciendo un pinta labios perfecto, rojo brillante y con una actitud de campeona súper positiva.  Creo que fue la primera mujer en llegar a la cima.  Todavía tengo la esperanza de encontrarla y preguntarle donde compro ese lipstick.  Era un rojo perfecto y se veía tan glamorosa.  Fui la quinta mujer en llegar a la meta ese día.  Al final de la carrera, me sentí estúpida por no escuchar y no estar equipada.  Jure que no volvería a correr en ese lugar.  Me dolía todo y quería aventar mis Sketchers desde la cima por el teleférico que nos llevaría otra vez al nivel del mar.  Gracioso pensar que ahora… estoy a punto de registrarme otra vez para el reto, y pienso hacerlo usando ese pinta labios rojo también.  

El tercer día de los 100 K del Caribe, corrimos 18 kilómetros.  Después de todo a lo que nos habían sometido el día anterior, este fue una corridita fácil en comparación.   Aunque me dolían los pies por las uñas perdidas, las ampollas y el tobillo torcido del día anterior, mantuve mi quinto lugar para ese día.  No me di por vencida como lo llegue a pensar en eso del kilometro 12.  Nunca antes había corrido tanta distancia en tan difícil caminos por tres días seguidos. Así que me dolía todo.  Me perdí en la carrera, no por mucho, simplemente se me paso ver que teníamos que brincar una reja de alambre de púas.  Pero de hecho lo tuvimos que hacer un par de veces y eso no le gusto a mis músculos para nada.  Necesitaba hielo, y quería que todo se terminara.

Cuando estaba ya a solo a algunos kilómetros de llegar, vi a un atleta de los buenísimos lleno de lodo y sangre en las piernas.  Se había caído.  Estaba caminando lentamente y estaba dispuesto también a terminar.  Así que no podía darme por vencida, yo no estaba sangrando.  Tenia que continuar. Ver la meta ese día y escuchar la voz de la niña linda en el micrófono, quien también siempre llevaba un pinta labios rojo intenso y perfecto, me dio una increíble  emoción de relajamiento total.  El bono del día:  una fantástica laguna helada convenientemente localizada al final de la carrera. Fue ahí que muchos de nosotros nos sumergimos a tomar una terapia natural para los músculos a doloridos.  Después a casa. Tenia todavía mucho que hacer antes de tomar el fin de semana para culminar la carrera.  

El cuarto día de la carrera estaba nerviosa.  Teníamos que correr 44.5 Kilómetros y yo nunca antes había corrido tanta distancia.  Ademas, ya me dolía todo del abuso inminente de los últimos tres días.  Mis caderas estaban casi inmovibles y mis piernas las sentía súper pesadas.  Mis pies eran un desastre total con ulceritas reventadas y uñas moradas a punto de explotar.

Durante la carrera, simplemente me decía a mi misma:  “un paso mas, es un paso menos.” Cuando sentía mas el dolor trataba de imaginarme la carita de mi hija sonriendo o los ojos azules de cielo de Henry. Trataba de bloquear todo a mi alrededor.  Solo me enfocaba en la belleza natural de la ruta.  Pero el dolor seguía llegando y me devolvían la mirada al piso y mis pasos.  No me quería caer.  De pronto, me encontré sola.

No veía a nadie ni detrás, ni enfrente de mi.  Cuando comencé a dudar en mi fortaleza para terminar el reto o siquiera mi habilidad para encontrar mi camino, la vi.  Sabrina Tarditi, una de las mejores corredoras del país estaba ahí, descansando sentada en el río mirando la hermosa cascada de  El Limón.  Me senté cerca de ella… no pude contener las ganas de orinar… así que paso y me lo goce totalmente.  

Sabrina y yo seguimos juntas por un buen tramo.  Nos dimos animo la una a la otra para cruzar los ríos, brincar obstáculos, pasar por piedras resbalosas, encontramos la ruta mas fácilmente.  Hasta que tropecé y caí al piso encima de mi mano derecha, casi dislocando completamente mi dedo del anillo.  Comencé a llorar, el dolor fue inmenso y el área comenzó a hincharse y ponerse morada inmediatamente.  Justo cuando estaba a punto de entrar en pánico total, Sabrina se dio la vuelta, me pidió mi mano y regreso mi dedo a su lugar sin titubeo alguno.  Se quedo conmigo por unos minutos y me dio instrucciones de como hacer para que el hinchazón bajara o por lo menos lo controlara un poco. Pero comencé a bajar mi ritmo y el hinchazón seguía subiendo.  Me dio mucho miedo.  Teníamos que cruzar aun una área de kilómetros en manglares profundos.  El agua nos llegaba arriba de las rodillas o hasta la cara.  No podíamos ver las rocas filosas y me comencé a caer una y otra vez, cortando mis piernas y manos una y otra vez.  Después de algunos  minutos, solo podía ver la silueta de Sabrina a lo lejos.  Pero muchos corredores empezaban a alcanzarme, así que no me sentí sola. 

Cuando salimos del área de manglares, solo pensaba en que un doctor viera mi dedo.  Pensaba lo peor, ya saben que tan dramática soy.  Comencé a correr mas rápido.  Me imagine que ya no faltaba mucho.  Ya habíamos corrido por horas y estábamos en la playa, que es donde la carrera terminaría.

Pocos minutos después vi a alguien del equipo de hidratación. Pregunte cuanto faltaba para llegar a la meta.  Lo escuche decir tres… algo.  Asumí que eran 300 metros después de la curva frente a mi o algo así, porque sentía que ya había corrido por una eternidad.  Acelere mi paso mas.  Trate de mantener el paso pero no veía la meta.  Solo seguía viendo curvas y mas curvas.  Después de tres o cuatro curvas, me di cuenta que el tal vez había dicho, 3 kilómetros y no 300 metros.  No quería parar o bajar el paso.  Pensé que si lo hacia no me movería mas.  Mis piernas estaban adormecidas y sentía mi corazón en el dedo hinchado y ya casi negro.

Cuando cruce la meta, corrí inmediatamente a la ambulancia.  Me revisaron el dedo y me dieron medicamentos para el dolor y anti-inflamatorios.  Minutos después, Sabrina cruzo la meta.  Estaba súper feliz de recibirla como la campeona que es, aunque me saco de honda saber que ni siquiera vi cuando la pase.  Ahora se que la adrenalina del miedo por mi dedo fue súper poderoso.  Porque se que Sabrina es una corredora mucho mas fuerte que yo. 

Al próximo día, nos esperaban los últimos 12 kilómetros entre elevaciones y obstáculos entre carretera y trillos con subidas, grandes bajadas y arena otra vez.  Estaba ya súper cansada y quería que todo se terminara.  Ese día cuando termine, vi la carita de mi hija y a los ojos azules y profundos de mi esposo.  Me sentí invencible para ellos, llena e inspirada. Feliz, Libre al fin!

Toda la gente que conocí durante esta carrera esos días.  Todos se convirtieron en héroes para mi.  Dioses y Diosas, musas.  Cada uno de ellos se ganaron mi admiración y respeto.  Quería abrazarlos a todos.  Llore.  En ese momento me di cuenta que correr, se había convertido en mas que un habito o hobby, era ya una necesidad. 

Después de los 100 k del Caribe, descanse un par de semanas.  Y me inscribí en el próximo reto:  los 50K en la Olla de Presion.  Donde el calor intenso y la humedad que se sienten, los ríos que cruzas y el lodo por donde batallas hacen de la experiencia algo sin igual.

Correr esos 50 K me acerco mas a algunos ultra-maratonistas que conocí en los 100 K del Caribe.  También me trajo nuevas amistades.  Aprendí que cuando te pierdes es para encontrar razones para continuar o para encontrarte a ti mismo.

Eso me paso.  Me perdí por casi 20 minutos en medio de la nada.  Estaba a punto de entrar en desesperación porque no encontraba las marcas del trillo donde debía seguir.  Nunca había estado en esos pantanos.  Es intimidante quedarte solo en ese lugar.  Pero entonces vi a Rowin Canals quien venia hacia mi. El también había estado perdido por algunos minutos.  No teníamos idea de hacia donde ir o donde estábamos.  Nos quedamos juntos, corrimos todos los trillos y entradas que encontrábamos y regresábamos a donde nos encontramos.  Hicimos eso por otros 15 minutos.  Cuando nos miramos y decidimos salir de la carrera y encontrar por lo menos nuestro camino de regreso a nuestros autos.  Ya habíamos perdido una buena media hora por lo menos y estábamos agotados.

Mientras regresábamos hacia el punto donde vimos gente por ultima vez, encontramos a Thais Herrera, una corredora muy conocida en el área.  Ella no nos dejo abandonar.  Nos dio animo para seguir.  Dijo que ya habíamos corrido mas de la mitad y no tenia sentido que saliéramos de la carrera.  Así que seguimos.

Casi al final de la carrera, aprendí que en carreras súper largas, se vale tomar Coca-Cola.  También conquiste mi  miedo a lugares oscuros y cerrados cuando pasamos un largo túnel.  Fui la primera mujer en completar el reto de los 50K.  No tengo foto de la premiacion.  Pero la carrera me dio la confianza en mi misma para completar un maratón.  Ahora si, podía comenzar a trabajar en velocidad.

Después de tomar algunos días para descansar.  Comencé a trabajar en intervalos de 400 metros a 800 metros con un día por semana de fondo de 20-30 Kilómetros.    Después de algunas semanas con esa rutina, me sentí lista para el reto de NY.

Inclusive cuando muchas veces, por cuestiones de trabajo, cancelaba mi entrenamiento en los últimos meses, me sentía ya libre.  Cuando recibí mi invitación oficial para registrarme al maratón, comencé a brincar en mi oficina como una niña.  Quería abrazar a todos los que entraban.  Estaba electrificada y observe que mi sonrisa, la que viene de la nada y por nada, había regresado.

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Los meses de Agosto, Septiembre y Octubre fueron complicados.  Comenzaba el nuevo ciclo escolar para Mensen Academy y tenia que contratar profesores, entrenarlos, organizar horarios, calendarios y todo eso.  Trataba de correr un promedio de 50-60 kilómetros por semana mínimo. Pero era difícil.  Tenia que comenzar mis días a eso de las 5:00 am.

También podía, hacia actividad física divertida.  En un viaje a Nevis, incluí una subidita al volcán mas alto de la Isla, Nevis Peak.  Fue súper divertido.  Pero nisiquiera trabajaron mucho mis piernas, era casi todo brazos.

Finalmente, mi ultima carrera antes de NY fue un 5K en el evento anual de TRIPOP, en puerto plata.  Me divertí mucho y termine los 5K en 22 minutos.  

Registrarme en el maratón de Nueva York fue lo mejor que hice para mi y mi familia en mucho tiempo.  Ahora, cuando escucho la canción titulada “fight song,” Recuerdo el fantástico camino que tome para prepararme.  Recuerdo NY y sus calles.  Correr en las calles de la gran manzana me dio una emoción de libertad inmensa.  El maratón de Nueva York 2015 fue mi “fight song.” 

Le dedico la carrera y el trayecto a mi esposo e hija.  Ellos estuvieron allí apoyando desde el primer día.  Me ayudaron a mantener mi entrenamiento y nuevo horario.  Lo hicimos juntos.  Por eso esto se los dedico a ellos.  Se lo merecen.  Así como se merecen una Maria mas feliz.

Después narrare lo que vivi en cada kilometro el día del maratón.

Gracias por leer y encuentren su “fight song.”  Encuentren inspiración.  Todos tenemos algo que nos mueve o nos trae aires de libertad.  Valemos la pena luchar por eso.

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